Tecnicas para trabajar el apego

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Técnicas de fijación

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Las investigaciones han demostrado que nuestros patrones de apego se establecen en la primera infancia y persisten durante toda nuestra vida.  Los patrones son seguros o inseguros. Si un niño crece con coherencia, fiabilidad y seguridad, es probable que tenga un estilo de apego seguro.
Cuando los adultos con apego seguro recuerdan su infancia, suelen tener la sensación de que siempre hubo alguien fiable a su disposición. Pueden reflexionar sobre los acontecimientos de su vida (buenos y malos) con la perspectiva adecuada. De adultos, las personas con un estilo de apego seguro disfrutan de relaciones íntimas estrechas y no temen correr riesgos en el amor.

Teoría del apego

Nuestros primeros años de vida pueden influir en la forma en que aprendemos a responder, imprimiendo comportamientos que aplicamos durante el resto de nuestra vida, todo ello basado en el vínculo que formamos (o no formamos) con nuestro cuidador principal. El mensaje que recibimos de pequeños sobre cómo se satisfacen nuestras necesidades sienta las bases de nuestras relaciones adultas e influye en la forma en que manejamos los conflictos, en cómo nos comunicamos, en nuestra capacidad para comprender las necesidades y las emociones y en la intimidad emocional.
Si alguien no ha recibido un refuerzo saludable en la primera infancia (y muchas personas lo han hecho), existen técnicas terapéuticas eficaces para tratar el trauma del apego en la edad adulta. Exploremos la teoría del apego y las técnicas disponibles para tratar el trauma del apego.
El apego se refiere al vínculo emocional que se forma entre un niño y su cuidador. Es la forma en que el niño satisface sus necesidades primarias, y se convierte en un motor del desarrollo emocional, social y cognitivo. Las experiencias sociales tempranas estimulan el crecimiento del cerebro del niño y pueden tener una influencia profunda y duradera en su capacidad para formar y mantener relaciones estables con los demás durante toda la vida. El apego también sienta las bases de la autorregulación.

Técnicas de intervención basadas en el apego

Los investigadores han desarrollado diversas formas de evaluar los patrones de apego en los niños. Diversos métodos permiten clasificar a los niños en cuatro grupos de patrones de apego: seguro, ansioso-ambivalente, ansioso-evitativo y desorganizado/desorientado, o evaluar los trastornos del apego. Estos patrones también se denominan seguros (grupo B); ansiosos/ambivalentes (grupo C); evitativos (grupo A) y desorganizados/controladores (grupo D). Se cree que la clasificación de apego desorganizado/controlador representa una ruptura en la asociación de apego-cuidado de tal manera que el niño no tiene una estrategia conductual o de representación organizada para lograr la protección y el cuidado de la figura de apego. Cada grupo de patrones se divide a su vez en varias subcategorías. Un niño clasificado con el apego desorganizado/controlador recibirá una clasificación de “siguiente mejor ajuste” organizado.
El apego en los adultos se suele medir mediante la Entrevista de Apego Adulto, el Sistema de Imágenes Proyectivas de Apego Adulto y cuestionarios de autoinforme. Los cuestionarios de autoinforme evalúan el estilo de apego, una dimensión de la personalidad que describe las actitudes sobre las relaciones con las parejas románticas. Se cree que el estilo de apego de los adultos es similar a los patrones de apego de la infancia. Hay algunas investigaciones que muestran una relación entre los patrones de apego de la infancia y las dimensiones de personalidad de apego con las parejas románticas,[1][2] pero las correlaciones son de leves a moderadas. El enfoque más común para definir el estilo de apego es un enfoque de dos dimensiones en la definición del estilo de apego. Una dimensión se refiere a la ansiedad por la relación y la otra a la evitación en la relación. Otro enfoque define cuatro categorías de estilos de apego en adultos: seguro, preocupado, despectivo-evitativo y temeroso-evitativo.

Cómo se mide el apego psicológico

Su historia estaba en la habitación”, me dice Halvorsen, y luego se calla mientras se esfuerza por transmitir la fuerte impresión que Cora le dejó. Siete años después de que se conocieran, sigue siendo difícil de articular: “Quizá la palabra correcta sea presencia”. La forma en que Cora hablaba de las atrocidades que le habían hecho -con voz firme, con ojos claros- hizo que la investigadora se preguntara cómo alguien con tantas cicatrices podía parecer tan vivo y sin merma.
En un momento de la entrevista, cuando Halvorsen le pidió a Cora que describiera su terapia con una imagen o una palabra, ella soltó: “Me ha salvado la vida”. Intrigada, invitó a tres compañeros psicólogos a que la ayudaran a profundizar en el caso de Cora y a descubrir lo que había ocurrido en la sala de terapia. No sabíamos en qué nos estábamos metiendo”, me dijo Halvorsen. Tras las entrevistas iniciales con Cora y su terapeuta, los investigadores examinaron un total de 242 notas de resumen que ambos habían escrito después de cada sesión en el transcurso de los tres años del estudio. De estos datos, el equipo seleccionó y transcribió literalmente 25 sesiones que parecían especialmente importantes. El material final se acercó a las 500 páginas de texto a un solo espacio. Halvorsen y sus colegas lo analizaron durante más de dos años en un intento de entender qué, exactamente, había salvado la vida de Cora.